Israel | Elecciones parlamentarias del 27/10/2026


Autores: Catalina Tolstano, Facundo Barbaro, Alicia Silvia Albino, Florencia Agostina Ozor, Candelaria Berardi, Jordana Sofía Esquivel y Julia de Bastiani.
Contexto general de la elección: el sexto gobierno de Netanyahu
En diciembre de 2022, Benjamin Netanyahu volvió a asumir como primer ministro de Israel, tras celebrarse las quintas elecciones parlamentarias en menos de cuatro años. Sus resultados marcaron el final de la coalición heterogénea liderada por Naftali Bennet, mediante la cual Netanyahu había perdido la posición de jefe de gobierno en el año 2021.
En ese contexto de inestabilidad política, el bloque de derecha sionista y nacionalista liderado por el partido derechista Likud obtuvo mayoría en la Knesset y Netanyahu accedió nuevamente al cargo de primer ministro, en el cual ya se había desempeñado entre 1996 y 1998 y 2009 y 2021.
Su sexto gobierno se ha caracterizado por una amplia coalición entre el Likud, el Partido Sionista Religioso y partidos ultraortodoxos, a partir de lo cual los socios más radicalizados de Netanyahu han ejercido una considerable influencia en materia de políticas de seguridad, defensa y relaciones entre el Estado y la religión. De este modo, figuras como el ministro de seguridad, Itamar Ben Gvir, han impulsado una agenda propia de los sectores más duros del espectro político.
Así, el gobierno impulsó la reafirmación del carácter judío del Estado de Israel, la expansión de los asentamientos israelíes en los territorios palestinos, el intento de reformar el Poder Judicial y, a partir del ataque terrorista de Hamás del 7 de octubre de 2023, un fortalecimiento del sistema de seguridad y una profunda ofensiva militar en la Franja de Gaza, que ha desencadenado una crisis humanitaria sin precedentes para la población palestina, la cual ha sido catalogada por múltiples observadores externos como una limpieza étnica.
En consecuencia, en el frente externo el gobierno de Netanyahu buscó enfrentar el aislamiento de buena parte de la comunidad internacional impuesto a partir de la ofensiva en Gaza y consolidar su alianza política y militar con el gobierno de Donald Trump, lanzándose junto a Estados Unidos a una guerra contra Irán en febrero de este año, la cual se encuentra en un estado de estancamiento sin resolución definitiva.
En el plano interno, la gestión estuvo atravesada por las disputas en torno al carácter democrático del sistema institucional y las tensiones entre los sectores seculares, religiosos y nacionalistas de la sociedad israelí. A ello se sumaron controversias vinculadas con la situación judicial del propio Netanyahu, quien afronta procesos penales por corrupción.
Aún así, el eje de su gestión ha sido la controversia en torno a la conducción política de las operaciones militares en Gaza, centralizada hasta ahora en Netanyahu y sus aliados de ultraderecha.
La ofensiva israelí en Gaza y la reacción internacional
El conflicto bélico escaló el 7 de octubre de 2023 como resultado del ataque liderado por Hamás en territorio Israelí tomando 251 rehenes y dejando un saldo de más de 1200 muertos. Si bien el Estado de Israel mantuvo desde su formación en 1948 una tendencia expansionista hacia el territorio palestino, a raíz de dicho atentado las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) reforzaron su presencia incrementando operaciones terrestres y bombardeos aéreos.
En octubre de 2025 entró en vigor el acuerdo de alto el fuego entre Israel y Hamás, en el marco de un plan impulsado por Estados Unidos que tenía como objetivo poner fin a la guerra en Gaza y lograr la liberación de los últimos rehenes israelíes. Durante la primera fase del acuerdo, Hamás liberó a los 20 rehenes que permanecían con vida, mientras que Israel también acordó dejar a más de 1500 detenidos palestinos y retirar parte de sus fuerzas de Gaza. A pesar de que el pacto sigue en pie, las operaciones militares, los bombardeos y el control sobre la región continúa.
La devastadora ofensiva militar afectó gravemente a la población civil con una cifra que supera los 74.000 fallecidos en la Franja de Gaza. Por su parte, en Cisjordania (en donde no opera Hamás) se registraron aproximadamente 1000 muertos y 10.000 heridos.
Por otro lado, se impuso un bloqueo total con grandes restricciones al ingreso de alimentos, agua potable, electricidad, combustible y suministros médicos, lo que la ONU y diversos organismos calificaron como una crisis de hambruna intencional.
Con la intensificación del conflicto vino una serie de reacciones por parte de organismos internacionales. En septiembre de 2025, una comisión de investigación creada por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU determinó que Israel ha cometido actos de genocidio en Gaza. Asimismo, informes de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) y agencias de la ONU han denunciado graves patrones de desplazamiento forzado (el 90% de la población aproximadamente), destrucción de infraestructura (hospitales y escuelas) y una crisis humanitaria extrema sin precedentes. Estas acciones llevaron a un cambio demográfico permanente en la Franja que fue catalogado por la ACNUDH como una limpieza étnica.
En el campo judicial, Sudáfrica presentó una demanda contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia acusando al Estado de violar tratados internacionales como la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. A su vez, la Corte Penal Internacional emitió en noviembre de 2024 una orden de arresto contra Netanyahu por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad.
En septiembre de 2025 durante la Asamblea General de la ONU, Canadá, Australia, el Reino Unido y Francia reconocieron finalmente al Estado de Palestina. En este mismo sentido, con el objetivo de ponerle fin al conflicto, el Consejo de Seguridad adoptó la Resolución 2803, que respaldó el alto el fuego, aprobó una Junta de Paz y autorizó una Fuerza Internacional de Estabilización hasta fines de 2027, con las abstenciones de China y Rusia.
Hablar de elecciones en este contexto implica preguntarse sobre la convivencia de instituciones democráticas con una política de Estado que busca la destrucción de la vida y la eliminación de un pueblo. Si bien un recambio de gobierno podría atenuar el conflicto, difícilmente podría desmantelar la estructura que le permitió al Estado de Israel avanzar sobre territorio ajeno. Igualmente, una modificación dentro de la conducción podría reparar la imagen de Israel ante los ojos del mundo renovando sus redes de apoyo, pero manteniendo el orden colonial sin transformar de forma efectiva las condiciones de dominación.
La figura de Netanyahu
Benjamin Netanyahu nació en Tel Aviv, Israel el 24 de Octubre de 1949, año posterior a la fundación del Estado de Israel. Se crió entre Israel y Estados Unidos debido a la carrera de su padre, el historiador Benzion Netanyahu, que enseñaba en universidades en Filadelfia y Nueva York.
En 1967, tras la guerra de los Seis Días y finalizar sus estudios secundarios en Estados Unidos, regresó a Israel, donde se alistó en las Fuerzas de Defensa de Israel y sirvió en la unidad antiterrorista de élite del ejército israelí Sayeret Matkal. Durante su primer paso por el ejército, participó en varias operaciones militares como la Guerra de Desgaste y la Operación Isotope.
En 1972 al terminar su servicio en el ejército, con rango de capitán, regresó a Estados Unidos a realizar sus estudios universitarios. Ese mismo año se casó, el primero de los tres matrimonios que ha tenido, y de los que han nacido tres hijos y cuatro nietos.
En octubre de 1973 interrumpió sus estudios para volver a Israel a servir con Sayeret Matkal en la guerra de Yom Kipur contra las fuerzas egipcias. Tiempo después se licenció en Arquitectura y obtuvo un máster en Administración de Empresas en el MIT. También estudió Ciencias Políticas en el MIT y en la Universidad de Harvard.
Entre 1976 y 1982 trabajó en el sector privado en el prestigioso Boston Consulting Group en Massachusetts, y luego como miembro de la alta dirección de Rim Industries en Jerusalén. En Israel fundó y dirigió el Instituto Antiterrorista Yonathan Netanyahu, una organización no gubernamental dedicada a estudiar el terrorismo y organizar conferencias internacionales sobre cómo combatirlo. Fue creada en memoria a su hermano fallecido en una operación de rescate (Operación Entebbe) en el que una aeronave de Air France fue secuestrada por militantes palestinos y llevada al aeropuerto de Entebbe, Uganda, donde tomaron de rehenes a ciudadanos israelíes. En la operación solo un soldado israelí murió, Yonathan Netanyahu, comandante de la fuerza.
En 1982, Benjamin Netanyahu fue nombrado Jefe Adjunto de Misión en la Embajada de Israel en Washington, D.C. De 1984 a 1988, se desempeñó como Embajador de Israel ante las Naciones Unidas y se destacó por su defensa de la causa israelí en el ámbito internacional. Al volver a Israel en 1988, Netanyahu comenzó su carrera en la escena política del país, fue elegido diputado al Knesset por el partido Likud y nombrado viceministro de Asuntos Exteriores.
En solo 5 años, hacia 1993, Netanyahu fue elegido presidente del partido Likud y ejerció como líder de la oposición hasta que fue elegido primer ministro de Israel en 1996, convirtiéndose a los 47 años en el primer ministro más joven del país. Uno de los puntos débiles de su primer mandato fue su pésima relación en ese momento con Estados Unidos, gobernada por Bill Clinton, quien ejercía una rigurosa crítica a la decisión de Netanyahu de permitir la ampliación de los asentamientos israelíes en la Franja de Gaza y Cisjordania, territorios que Israel había ocupado tras la guerra de 1967. Años más tarde lo culparía directamente por el fracaso del proceso de paz con los palestinos.
Netanyahu se vio presionado por ambas fuerzas durante su primer gobierno, por una parte, el gobierno estadounidense y la izquierda israelí lo acusaban de trabar los acuerdos de paz de Oslo. Y en el otro extremo sus partidarios de derecha lo cuestionaban por haber accedido a entregar a los palestinos la mayor parte de la ciudad de Hebrón, uno de los puntos del acuerdo.
Las fervientes críticas desde ambos extremos y algunos otros escándalos de su gobierno le costaron las elecciones de 1999 donde fue derrotado por el laborista Ehud Barak, luego de lo cual decidió abandonar la política y volver al sector privado.
Sin embargo, al poco tiempo decidió volver a la política y el nuevo líder de Likud, Ariel Sharon, quien sucedió a Barak después de menos de dos años de gobierno, designó a Netanyahu primero como su ministro de Relaciones Exteriores, y posteriormente como ministro de Finanzas. Implementó profundas reformas económicas y continuó el proceso de liberalización de la economía que había iniciado en su primer mandato. Muchos en Israel le atribuyen el “milagro económico” (de allí deriva su apodo Mr. Economy) mientras que otro sector sostiene que destruyó la venerada red de seguridad social israelí.
Se desempeñó como ministro solo dos años, en 2005 renunció en desacuerdo con la decisión de Sharon de retirar a Israel unilateralmente de la Franja de Gaza. Dicha disputa llevó a Sharon a dejar Likud y formar un partido centrista, Kadima. De esta manera Netanyahu volvió a convertirse en el líder del partido Likud.
En 2009 fue elegido primer ministro por segunda vez y comenzó lo que sería el período de gobierno más prolongado desde el del primer gobierno israelí de David Ben-Gurión, ganando las elecciones posteriores de 2013, 2015 y 2019, siendo así apodado “Rey Bibi” por sus victorias consecutivas y su largo mandato de 12 años hasta junio de 2021.
Luego de su derrota en las elecciones de marzo del 2021, Netanyahu ejerció como líder de la oposición parlamentaria durante el gobierno de los primeros ministros Naftalí Bennett, del partido Yamina, y Yair Lapid, del partido Yesh Atid, quienes unieron fuerzas junto a otros partidos de una coalición diversa para derrotar a Netanyahu. Apenas un año y medio después logró su sexto mandato el cual continúa al día de hoy.
Sistema político y electoral
Israel es una democracia parlamentaria fundada el 14 de mayo de 1948. No posee una Constitución escrita única, sino que su organización constitucional se basa en una serie de Leyes Fundamentales que establecen las bases del Estado y de sus instituciones. El sistema se organiza en tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial.
Con respecto al legislativo, la Knesset es el Parlamento unicameral y el centro del sistema político israelí. Está integrada por 120 diputados elegidos por representación proporcional para mandatos de cuatro años, aunque puede disolverse anticipadamente y convocar nuevas elecciones.
El Contralor del Estado tiene una función auditora ya que supervisa lasrael es una democracia parlamentaria fundada el 14 de mayo de 1948. No posee una Constitución escrita única, sino que su organización constitucional se basa en una serie de Leyes Fundamentales que establecen las bases del Estado y de sus instituciones. El sistema se organiza en tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial.
Con respecto al legislativo, la Knesset es el Parlamento unicameral y el centro del sistema político israelí. Está integrada por 120 diputados elegidos por representación proporcional para mandatos de cuatro años, aunque puede disolverse anticipadamente y convocar nuevas elecciones.s políticas y operaciones gubernamentales, controla la gestión fiscal y administrativa y cumple funciones de defensor del pueblo al recibir quejas sobre funcionarios e instituciones públicas. También es elegido por la Knesset mediante voto secreto y sólo puede ser destituido de acuerdo al procedimiento legal.
El Presidente es el jefe de Estado y desempeña funciones principalmente representativas, institucionales y ceremoniales. Es elegido por la Knesset para un único mandato de siete años. Entre sus atribuciones se encuentran firmar las leyes, recibir representantes diplomáticos, conceder indultos o conmutar penas conforme a la legislación y realizar nombramientos formales, incluidos los de jueces seleccionados mediante el procedimiento legal.
La ausencia de una Constitución única no implica que la Knéset tenga poderes ilimitados. Las Leyes Fundamentales establecen condiciones especiales para su modificación, y el Tribunal Supremo ha intervenido en disputas sobre los límites del poder legislativo.
El primer ministro cumple la función de jefe de Gobierno y es la principal figura del Poder Ejecutivo. Tras las elecciones, el Presidente consulta a los representantes de los partidos y encarga la formación del Gobierno al diputado que considera capaz de reunir los apoyos necesarios.
El gabinete está integrado por ministros responsables de distintas áreas y debe someterse al procedimiento de aprobación de la Knéset. Los ministros pueden ser diputados, aunque no es obligatorio. El Gobierno dirige las políticas internas y externas del país, mientras que un grupo de ministros integra el gabinete de seguridad, encargado de coordinar decisiones estratégicas sobre defensa, política exterior, negociaciones diplomáticas y crisis. Los ministerios administran las distintas áreas públicas y su número varía según cada Gobierno.
El Poder Judicial es independiente e incluye tribunales generales, religiosos y especializados. Los jueces son nombrados formalmente por el Presidente a partir de las selecciones del Comité de Selección Judicial. Los tribunales religiosos rabínicos, de sharía, drusos y cristianos, se encargan especialmente de asuntos familiares, como el matrimonio y el divorcio. Israel no cuenta con un régimen general de matrimonio civil celebrado dentro del país, por lo que las autoridades religiosas tienen un papel central en estas cuestiones. También existen tribunales laborales, militares y un Tribunal de Almirantazgo con jurisdicción marítima.
La relación entre la Knéset y el Gobierno, como en cualquier parlamentarismo, se basa en la confianza parlamentaria. La moción de censura funciona mediante un mecanismo de censura constructiva, vinculado a la posibilidad de establecer un Gobierno alternativo. El Parlamento también supervisa al Ejecutivo mediante comisiones, comparecencias de ministros y mecanismos para exigir la presencia del primer ministro.
La independencia judicial y el alcance del control del Tribunal Supremo son temas centrales del debate político. Las reformas judiciales impulsadas desde 2023 provocaron protestas y controversias sobre la separación de poderes y el equilibrio institucional.
Administrativamente, Israel se divide en seis distritos: Central, Haifa, Jerusalén, Norte, Sur y Tel Aviv. Existen tres formas de gobierno local: ayuntamientos, consejos locales y consejos regionales. Estos organismos gestionan servicios como planificación urbana, agua, emergencias, educación y cultura, conforme a las directrices del Ministerio del Interior. La administración de los territorios ocupados involucra distintas autoridades israelíes y no debe confundirse con la organización territorial ordinaria del Estado.
El artículo 4 de la Ley Fundamental que regula el funcionamiento de la Knesset establece los principios de las elecciones.
Los principios establecidos son:
Generales: pueden votar los ciudadanos israelíes de 18 años o más que cumplan los requisitos legales.
Nacionales: todo el país constituye un único distrito electoral, sin circunscripciones parlamentarias separadas.
Directas: los ciudadanos votan por listas partidarias, sin colegio electoral.
Igualitarias: cada elector dispone de un voto.
Secretas: el voto se emite en una cabina y se introduce en un sobre opaco.
Proporcionales: los 120 escaños se distribuyen según los votos obtenidos por las listas que superan el umbral electoral.
El umbral electoral es el porcentaje mínimo de votos que una lista necesita para participar en la distribución de escaños. Históricamente fue del 1 %, se elevó al 1,5 % antes de las elecciones de 1992, pasó al 2 % en 2004 y aumentó al 3,25 % en 2014, nivel vigente en 2026.
Esta exigencia incentiva la formación de alianzas para evitar que los votos de partidos pequeños queden fuera del reparto. Las fuerzas políticas árabes, por ejemplo, recurrieron en distintos comicios a candidaturas conjuntas para mejorar su representación.
Israel utiliza el método Bader-Ofer, relacionado con el sistema Hagenbach-Bischoff y con métodos de divisores como D’Hondt, pero con reglas específicas y acuerdos de excedentes electorales. Su procedimiento general consiste en:
Identificar las listas que superan el umbral del 3,25 %.
Sumar los votos de las listas habilitadas y calcular el índice general de representación dividiendo el total por 120.
Asignar una cantidad inicial de escaños a cada lista según sus votos.
Distribuir los escaños restantes mediante las reglas del método Bader-Ofer y los acuerdos de excedentes electorales celebrados entre listas.
Los votos de las listas que no alcanzan el umbral quedan excluidos de la distribución.
La elección se realiza mediante listas cerradas: los ciudadanos votan por un partido y no por candidatos individuales, sin poder modificar el orden de los nombres. Desde la Ley de Partidos de 1992, sólo los partidos registrados pueden presentarse.
Cada partido selecciona a sus candidatos mediante primarias u otros procedimientos y presenta una lista ordenada. La cantidad de diputados que obtiene depende de los escaños conseguidos y del orden de la lista. Si un diputado renuncia o fallece, lo reemplaza la siguiente persona, sin necesidad de elecciones parciales.
Para ser diputado se requiere tener al menos 21 años y cumplir las condiciones legales de elegibilidad. Determinados cargos públicos, judiciales y militares, como el Contralor, el Presidente, los dos Rabinos Principales del país, o el Jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), son incompatibles con la candidatura, salvo renuncia dentro del plazo establecido (100 días antes de las elecciones). También existen restricciones vinculadas a determinadas condenas y decisiones judiciales.
El registro electoral se elabora automáticamente a partir de los registros oficiales de población y ciudadanía. El Comité Central de Elecciones organiza y supervisa los comicios, mientras que los comités regionales controlan las mesas electorales.
La legislación permite excluir listas que nieguen la existencia de Israel como Estado del pueblo judío, nieguen su carácter democrático o inciten al racismo. En función de ello, el gobierno impulsó la prohibición de participación para los partidos árabes, pero después fue declarada ilegal por la Corte Suprema.
La financiación de los partidos incluye asignaciones públicas para las campañas, calculadas según unidades de financiación vinculadas a los escaños y a las reglas legales. Las contribuciones privadas están limitadas por la legislación y existen restricciones a las donaciones de personas que no tienen derecho a votar.
El día electoral es feriado nacional (día de descanso pago) y el transporte es gratuito. La mayoría de las mesas abre de 7:00 a 22:00, aunque existen excepciones en localidades pequeñas y en hospitales, residencias de ancianos y prisiones; quienes estén esperando para votar al cierre pueden hacerlo. Los electores deben identificarse con un documento admitido, como el documento nacional de identidad (teudat zehut), un pasaporte israelí vigente o una licencia de conducir válida con fotografía.
Si en el momento del conteo se abre un sobre y se encuentran exactamente dos boletas idénticas, es decir, que pertenecen a la misma lista partidaria, el voto se considera válido y se computa como un solo voto a favor de dicho partido. Esta flexibilidad se diseñó para no penalizar al elector en caso de que las boletas se hayan quedado pegadas por error o accidente al tomarlas en la cabina de votación. Sin embargo, si el sobre contiene tres o más boletas de la misma lista, el voto se invalida por completo de forma automática.
Por otra parte, la ley es estricta cuando hay una mezcla de partidos. Si al abrir el sobre se descubren dos o más boletas que corresponden a listas electorales diferentes, el voto se declara nulo e inválido de inmediato, ya que el sistema no permite el voto cruzado ni la libre elección múltiple y es imposible determinar la verdadera intención del elector.
Existen procedimientos adaptados para personas con movilidad limitada y modalidades especiales para determinadas personas hospitalizadas o encarceladas, soldados en servicio activo y algunas categorías de ciudadanos en el extranjero. Israel no cuenta con un sistema general de voto postal para todos los ciudadanos residentes fuera del país, aunque existen excepciones para ciertos funcionarios y representantes oficiales.
Después de las elecciones, el Presidente consulta a los representantes de los partidos elegidos y encarga la formación del Gobierno a un diputado que considere capaz de reunir apoyos suficientes. La designación no depende automáticamente de qué partido obtuvo más votos, sino de la posibilidad de construir una coalición viable.
Según el procedimiento constitucional, el Presidente dispone de siete días desde la publicación de los resultados oficiales para encargar la formación del Gobierno. El candidato tiene 28 días, con posibilidad de una prórroga de hasta 14 días. Si fracasa, pueden activarse procedimientos para designar otro candidato o convocar nuevas elecciones.
La mayoría parlamentaria requiere el apoyo de 61 de los 120 diputados. El sistema electoral israelí, heredado del Yishuv (la organización de asentamiento judío durante el Mandato Británico), se basa en la representación proporcional y refleja la diversidad social del país. Sin embargo, la presencia de numerosos partidos dificulta que una sola fuerza obtenga mayoría suficiente para gobernar en solitario. Por ello, los gobiernos dependen habitualmente de coaliciones que negocian programas, apoyos y cargos ministeriales, lo que otorga a los partidos pequeños una influencia considerable cuando sus escaños son decisivos. Esta fragmentación favorece las elecciones anticipadas: ninguna Knéset elegida entre 1988 y 2022 completó su mandato de cuatro años. Entre 2019 y 2022 se celebraron cinco elecciones parlamentarias: abril de 2019, septiembre de 2019, 2020, 2021 y 2022. Además, un Gobierno puede cambiar sin elecciones generales mediante los mecanismos parlamentarios correspondientes.
El comportamiento electoral también está influido por identidades ideológicas, religiosas, étnicas y socioeconómicas. Este fenómeno, denominado voto «tribal», puede reforzar las divisiones sociales y dificultar la construcción de consensos. La población árabe israelí tiene ciudadanía y derechos electorales conforme a los requisitos generales, y sus partidos pueden influir en la aritmética parlamentaria, aunque su participación en una coalición depende de los acuerdos y las posiciones de las demás fuerzas.
Como conclusión, el sistema político enfrenta desafíos estructurales profundos donde la fragmentación y la necesidad de formar coaliciones condicionan directamente la estabilidad del gobierno. Si bien la representación proporcional refleja la diversidad de la sociedad, esta misma pluralidad complica la gobernabilidad al exigir constantes negociaciones de programas y cargos, dificultando la aplicación de políticas a largo plazo y acentuando un voto tribal que profundiza las divisiones religiosas, étnicas y socioeconómicas.
Esta falta de consensos se ve agravada por la ausencia de una Constitución única, lo que delega en las Leyes Fundamentales una evolución gradual que suele abrir intensas disputas sobre los límites del poder y la estabilidad institucional.
En el ámbito legal, la independencia judicial se mantiene en el ojo de la tormenta debido a las recientes reformas sobre la selección de jueces, las cuales avivaron las controversias respecto a la influencia política en los nombramientos y el quiebre del equilibrio de poderes.
Asimismo, el sistema muestra rigideces en su alcance democrático al restringir la participación desde el exterior por la falta de un voto postal generalizado para los expatriados.
Partidos y candidatos del oficialismo
Bloque de Derecha, Extrema Derecha y Ultraortodoxos (Netanyahu, aliados y exaliados)
Likud: El principal partido de derecha nacionalista sionista, ha gobernado Israel 37 de los 78 años de historia del Estado. Su líder es Benjamin Netanyahu.
Otzma Yehudit: Partido de extrema derecha liderado por Itamar Ben-Gvir (actual ministro de Seguridad Nacional). Tiene 14 escaños y destaca por su postura ultranacionalista.
Shas: Partido ultraortodoxo de judíos sefardíes con 11 escaños. Su líder, Aryeh Deri, fue inhabilitado para el gabinete por delitos fiscales. Apoya la normalización con países árabes.
Judaísmo Unido de la Torá: Alianza ultraortodoxa enfocada en servicios sociales. Junto con Shas, está confrontada con Netanyahu por no blindar la exención del servicio militar para su comunidad.
Partido Sionista Religioso: Liderado por Bezalel Smotrich (ministro de Finanzas), promueve asentamientos en Cisjordania y mano dura en seguridad. Absorbió a Zehut pero peligra en las encuestas.
Amjá Yisrael: Nueva alternativa de derecha creada por el general (R) Ofer Winter para descontentos con la gestión bélica de Netanyahu; tras un buen inicio, lucha por superar el umbral mínimo.
Partidos y candidatos de la oposición
La oposición se divide mayoritariamente en los partidos árabes, los no alineados y la oposición sionista. La oposición sionista absorbe las frustraciones de los israelíes que desean que los ultraortodoxos haredim sean obligados a servir en el ejército. La comunidad haredi representa aproximadamente el 14% de la población israelí. Con el crecimiento poblacional de esta comunidad, su alto gasto estatal y el hecho de que en su mayoría no están obligados a servir en el ejército, la oposición sionista busca una respuesta que resuelva los problemas de seguridad que permitieron el ataque del 7 de octubre y que impulse el servicio militar universal sin las exenciones a los ultraortodoxos.
Yashar! - El partido de Gadi Eisenkot es la oposición más fuerte a Netanyahu. Como exjefe del Estado Mayor de las FDI, representa la credibilidad militar. Pide que se rindan cuentas por los fallos de inteligencia del 7 de octubre. Es de origen mizrahi y su hijo murió luchando en Gaza.
B’Yachad - La alianza integra a Naftali Bennett y Yair Lapid. Busca unificar el voto anti-Netanyahu de centro y centroderecha, con el perfil conservador de Bennett y el liberal de Lapid.
Los Demócratas - Encabezado por Yair Golan, representa la reorganización de la izquierda del Laborismo y Meretz. Busca reformas democráticas, pero encuentra dificultades con un electorado israelí más derechizado.
Yisrael Beiteinu - Avigdor Lieberman representa la derecha nacionalista, secular y sionista, con fuerte apoyo de la comunidad rusoparlante que rechaza los privilegios a la comunidad ultraortodoxa, tanto en lo financiero como en la exención del servicio militar.
Ra’am - Mansour Abbas representa un islamismo conservador, dispuesto a negociar con una oposición sionista.
Lista Conjunta - Balad, Hadash y Ta’al. Se centran en la agenda palestina y rechazan participar en un gobierno sionista, pero votan con la oposición para bloquear las leyes derecha más duras.
Encuestas y posibles consecuencias
En la actualidad, el país se encuentra en una situación de extrema fragmentación de partidos, lo cual indica que el resultado clave de las urnas no es tanto qué candidato es el más votado, sino qué bloque consigue la mayoría absoluta de 61 escaños de los 120.
Las últimas encuestas de Canal 12 (la cadena más vista del país y "hostil" para el Gobierno actual) muestran que los bloques de Netanyahu y de Eisenkot pueden llegar sin una mayoría clara, con 51 y 55 escaños, respectivamente, mientras otros 14 corresponderían a los partidos árabes, según las últimas proyecciones. Es decir, con estos últimos datos, ninguno de los dos bloques lograría esa cifra por sí solo, lo que anticipa posibles negociaciones para formar gobierno. El problema surge cuando alcanzar la mayoría absoluta necesaria de esos 61 escaños sólo se conseguiría si los dos grandes bloques de Netanyahu y Eisenkot recurren a los partidos árabes, una opción casi imposible para el primer ministro actual (que cuenta entre sus filas a supremacistas judíos) e improbable para los opositores. Ambos bloques rechazan hacer una alianza con los partidos árabes israelíes, quienes por su lado sí se ofrecen a desbancar a Netanyahu. Las encuestas indican que los partidos árabes podrían jugar un rol clave en la toma del poder. El bloqueo político es una posibilidad muy real.
Siguiendo los resultados de las encuestas, la formación centroderechista de Eisenkot sería la primera fuerza con 23 escaños, por delante del Likud de Netanyahu, al que se le atribuyen 19. Dentro del bloque opositor, el partido centrista Beyájad obtendría 15 diputados, el izquierdista Los Demócratas lograría 9 escaños y la formación nacionalista y laica Israel Beitenu, 8 parlamentarios. En el bloque de Netanyahu, los partidos ultraderechistas Poder Judío y Sionismo Religioso conseguirían 6 y 7 escaños respectivamente. El Likud necesitaría, además, el apoyo de sus aliados ultraortodoxos para reunir una mayoría. Entre ellos figuran Shas (8 escaños) y Judaísmo Unido de la Torá (7 escaños).
Por último, hay que tener en cuenta que el sistema electoral israelí hace más difícil estimar el reparto, que se podría ver alterado por dos aspectos: cuántos partidos cruzan el umbral mínimo del 3,25% de los votos y cuál es el nivel de participación. La diferencia entre sumar o no el piso requerido de sufragios es clave: atravesarlo garantiza cuatro escaños y no hacerlo causa que esos votos no tengan valor y que la división de asientos se defina entre los partidos que sí superaron el 3,25%. En ese límite están, según los sondeos, al menos cuatro formaciones: mientras Sionismo Religioso, del actual ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, y Ra'am (Lista Árabe Unida, de Mansour Abbas) han aparecido sostenidamente por encima del umbral, el ultraderechista Pueblo de Israel (potencial aliado de Netanyahu) y el conservador Los Reservistas contarán votos hasta el último minuto para definir sus opciones. Para todos ellos, una alta participación, como se prevé que ocurra, podría traducirse en una dificultad extra para alcanzar el mínimo requerido de votos.
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