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Brasil | Elecciones presidenciales de 04/10/26

Martina Rivarola
4 oct
20 min de lectura

Autores: Alicia Silvia Albino, Alessia Puccio Juretic, Allison Arroyo, Jordana Esquivel, Juan Augusto Gonzáles, Julia de Bastiani, Martina Rivarola Sarmiento, Facundo Barbaro.


Amanhã vai ser outro dia: hacia una elección tan decisiva como incierta


¿Qué se vota?


Este domingo, más de 158 millones de brasileños están llamados a votar en elecciones generales para elegir presidente, vicepresidente, 54 senadores, 513 diputados, 27 gobernadores y más de 1000 legisladores estaduales, lo que marca una reestructuración de casi todo el cuadro político para los próximos años. 


El actual ciclo electoral en Brasil representa un punto de inflexión sistémica para la estabilidad democrática del "hermano mayor" (o irmão mais velho) de Sudamérica. La contienda no solo decide la conducción del Estado hasta 2030, sino la viabilidad de las instituciones republicanas frente a una polarización asimétrica que ha trascendido el debate programático para instalarse en una guerra de trincheras judiciales y simbólicas

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Cuatro años después de las elecciones más polarizadas de la historia brasileña, nos encontramos ante un congelamiento de la competencia política, la cual vuelve a girar en torno a la disputa entre los apellidos más importantes de la política de Brasil de este siglo: Da Silva y Bolsonaro. 


Así, la disputa central enfrenta al presidente Luiz Inácio Lula da Silva (PT), quien a sus 80 años busca un cuarto mandato bajo una narrativa de defensa de la soberanía, frente al senador Flávio Bolsonaro (PL), heredero político del bolsonarismo radical. 


Flávio es el hijo de Jair Bolsonaro, quien se encuentra inhabilitado políticamente cumpliendo una condena de 27 años y bajo arresto domiciliario por su implicación en la trama golpista de 2022. No obstante, su figura actúa como el epicentro estratégico de la campaña de su hijo mayor, en pos cohesionar el voto duro de la derecha.


Si la elección de 2022 y la vuelta de Lula de la mano de una amplia alianza de gobierno prometían el destierro político de la derecha radical del sistema político brasileño, la gravitación del apellido Bolsonaro en estos comicios y la extrema paridad prefigurada por las encuestadoras dan cuenta que la democracia brasileña sigue ante una encrucijada vital. 


Brasil, nuevamente ante una encrucijada


La grieta entre el lulismo vs. bolsonarismo alcanza su octavo año en estas elecciones. 


A inicios del siglo XXI, la centro izquierda nacional brasileña logró un histórico ascenso al poder de la mano del Partido de los Trabajadores (PT) y a través de las presidencias de Luiz Inácio Lula Da Silva (2003-2011) y Dilma Rousseff (2011-2016). Este período de predominio político petista, que sacaría a millones de ciudadanos de la pobreza, brindaría una amplia red de servicios sociales y derechos económicos, aumentaría el potencial productivo de la estructura económica y consolidaría el papel influyente de Brasil en el escenario global, sería interrumpido por el impeachment de 2016 que removió de su cargo a la presidenta Rousseff. 

Desde entonces, Brasil entró en una dinámica de aguda polarización, expresada en el clivaje petismo/antipetismo. Pero mientras el PT era perseguido por el poder económico, judicial y mediático, el sistema político tradicional brasileño fue incapaz de afianzar un proyecto estable de transición, durante el gobierno de Michel Temer (2016-1019).


Así, en 2018, la irrupción de Jair Bolsonaro fue el emergente de una situación de vacío de poder, con una respuesta ultraconservadora que logró integrar a los sectores de derecha y de centro antipetistas, en un contexto de efervescencia por el avance de investigaciones sobre la corrupción en los gobiernos previos y el arresto de Lula. Bolsonaro supo ofrecer una respuesta reaccionaria, conservadora y antiprogresista, logrando atraer a su campo político a los sectores medios, evangélicos y liberales y siendo electo presidente de manera contundente.


Sin embargo, Bolsonaro no logró consolidar buenos resultados en su gestión. El pésimo manejo sanitario de la pandemia marcó un punto de quiebre: Brasil fue uno de los países con más muertos, y la postura fría del presidente quedó reflejada en su frase «yo no soy sepulturero». Mientras se registraban cifras alarmantes, el gobierno de Bolsonaro rechazó comprar vacunas en múltiples ocasiones. 


En la economía, se privatizaron empresas estatales, se registraron altos precios en la canasta básica, y las imágenes de brasileños comprando huesos fueron un símbolo de la crisis. En política exterior, dada la cercanía con el primer gobierno de Trump en Estados Unidos, Bolsonaro fue objeto de un intenso aislamiento internacional, a partir de la victoria de Biden en 2020, el regreso de gobiernos progresistas en la región y sus tensiones con la Unión Europea. 


Como si fuera poco, Lula fue liberado a partir de un fallo del Tribunal Superior de Justicia en 2021. Conformando un amplio frente transversal, ganó las elecciones de 2022 ante un impopular Bolsonaro. Sin embargo, el triunfo fue por un margen pequeño, que mostró la fortaleza del antipetismo en la sociedad brasileña.


El tercer gobierno de Lula (2022 - )


El regreso de Lula Da Silva a la Presidencia de Brasil en 2022 parecía marcar un punto refundacional de la democracia brasileña, mediante la depuración de los actores antisistema, la legitimación institucional y popular del PT tras los años de persecución judicial y ensañamiento mediático y el reordenamiento del sistema político, en crisis desde 2016. 


No obstante, esta trayectoria narrativa no derivó en un definitivo final feliz. Las turbulencias políticas se sintieron con fuerzas desde la noche del 30 de octubre de 2022 en la que Lula se impuso ante un impopular Bolsonaro apenas por una diferencia del 1,8% de los votos. Luego, la jornada del 8 de octubre en la que simpatizantes bolsonaristas asaltaron la Plaza de los Tres Poderes en Brasilia, una semana después de la asunción de Lula. Estos incidentes, expresivos de una conspiración político-militar para subvertir el orden constitucional, derivaron en un intenso e implacable proceso judicial para castigar a los involucrados que acabaría con la condena a prisión a Jair Bolsonaro y su inhabilitación para competir en elecciones.


Lula volvió al poder con un proyecto de continuación de su primera presidencia, pero más institucionalizado, que busca generar menos enemistades y lograr mayores acuerdos, disputando nuevamente junto a su vice Geraldo Alckmin (opositor a Lula en el pasado). Su gobierno estuvo marcado por un realineamiento de sus alianzas exteriores: su crítica a Israel, su distanciamiento de EE. UU. y su acercamiento al bloque europeo le generaron rechazo en sectores evangélicos conservadores. En lo económico, el gobierno de Lula registró mayor gasto en políticas públicas, volvió a sacar a Brasil del mapa del hambre y aumentó el salario mínimo. Sin embargo, por sus propias políticas de gasto estatal, la inflación y la inseguridad son la mayor debilidad del gobierno. 


A pesar de ello, el bolsonarismo pervivió como fuerza viva de la sociedad brasileña, canalizando casi de forma monopólica las preferencias de amplios y diversos sectores, impidiendo el reperfilamiento de la centro derecha a nivel social y colocando al octogenario mandatario como la única barrera efectiva frente a un eventual retorno de la ultraderecha.

Más allá del persistente fantasma del bolsonarismo, el saldo del tercer gobierno de Lula dista de los revolucionarios resultados económicos y sociales de sus primeras presidencias, en las que Brasil se erigió como potencia económica regional y millones de personas salieron de la pobreza. 


En el último año explotó uno de los mayores escándalos políticos y financieros: el caso del Banco Máster, donde investigan al banco por uso indebido de fondos bancarios. Flávio es uno de los citados en la prensa, con audios donde pidió fondos a Vorcaro, dueño del banco, para financiar la película de su padre, lo que volvió a poner a su familia en el centro de las noticias. 


No obstante, Lula finaliza su mandato con la décima economía del mundo marchando en un sostenido ritmo de crecimiento, sin caídas en la actividad, con un aumento de los ingresos reales de las grandes mayorías, impulsando un masivo plan de reindustrialización y sin descalabros fiscales, comerciales o inflacionarios. Un escenario ordenado como el de pocos países de la región.


Además, rompió el aislamiento de Brasil en el plano externo padecido durante la segunda mitad de la presidencia de Bolsonaro, colocando al gigante sudamericano como una voz con decisiva influencia a nivel internacional, tanto política como comercialmente. Con una estrategia de multilateralismo soberano, logró estrechar relaciones económicas tanto con China y los BRICS, como con la Unión Europea. 


Si bien la integración latinoamericana no fue una agenda real de su gobierno, debido a los intereses particulares de Brasil y al contexto de fuerte inestabilidad y derechización regional, Lula volvió a elevar la voz en rechazo del intervencionismo norteamericano a través de su explícita disputa contra Trump y su política de aranceles. 


Por último, Lula logró conducir establemente una ambiciosa coalición de gobierno en pos de garantizar gobernabilidad y mayorías legislativas, extendiéndose desde el Partido Comunista de Brasil (PCdoB) hasta los centroderechistas MDB y PSD, pasando por el PSB, el partido de centro del vicepresidente Geraldo Ackmin. Sin embargo, su gobierno no logró brindar una respuesta discursiva adecuada al flagelo de la inseguridad urbana y a problemas económicos persistentes, como el del endeudamiento de las familias o el acceso a las viviendas. 


Este domingo Lula busca no solo su reelección, sino renovar sus bancadas y lograr tener mayor poder institucional. Lula gobierna en minoría en el Senado y el Congreso, lo que dificulta la aprobación de proyectos y genera la necesidad constante de crear alianzas con el centro. El PL, partido de Bolsonaro, tiene la banca más grande del Congreso y un peso importante en el Senado. 


La primera vuelta se juega entre un Flávio que se asocia constantemente a su padre, con una fuerte relación con el movimiento evangélico y un perfil menos agresivo, con menos declaraciones homofóbicas y machistas, y sin el contexto antiprogresista de 2018 que ayudó a su padre a llegar al gobierno; y un Lula que levanta la bandera de la soberanía nacional con críticas a una interferencia americana, la conservación de las tierras raras y de un Estado presente con políticas públicas que marcaron la imagen del PT todos estos años. 


Sistema Electoral 


La jornada de votación se desarrollará entre las 8 y las 17 horas, y estarán obligados a sufragar 158 millones de personas, de entre 18 y 69 años, mientras que será opcional para las personas entre 16 y 17 años, los mayores de 70 y los analfabetos. Quienes se ausenten deberán justificar su ausencia ante la Justicia Electoral para evitar sanciones. 


¿Quién organiza y controla las elecciones? 


Las elecciones brasileñas son organizadas y supervisadas por la Justicia Electoral, una rama especializada del Poder Judicial encargada de garantizar el correcto desarrollo del proceso electoral. Sus funciones abarcan desde el registro de los electores y la organización de las elecciones hasta la resolución de conflictos electorales y la certificación de los resultados. 

La máxima autoridad electoral del país es el Tribunal Superior Electoral (TSE), un organismo nacional independiente. Está integrado por siete magistrados titulares y cuenta también con magistrados suplentes. Entre sus integrantes se encuentran jueces provenientes del Supremo Tribunal Federal (STF) y del Superior Tribunal de Justicia (STJ), además de juristas designados conforme al sistema establecido por la Constitución. 


La Justicia Electoral concentra funciones que en otros países pueden estar distribuidas entre diferentes organismos. Además de organizar los comicios, establece normas electorales, registra candidaturas, fiscaliza determinados aspectos de las campañas, resuelve controversias y proclama oficialmente a los candidatos electos. 


A diferencia de Estados Unidos, donde las elecciones son administradas por organismos del Poder Ejecutivo a nivel estatal, Brasil confía esta función a un organismo judicial permanente, cuya finalidad es proteger el proceso de los intereses partidarios. 


Este modelo otorga a una institución judicial especializada un papel central durante todas las etapas del proceso electoral: antes, durante y después de la votación. De esta manera, el sistema brasileño busca mantener una administración electoral unificada en todo el territorio nacional. 


¿Cómo se vota?


Desde 1996, Brasil utiliza la urna electrónica, un método totalmente seguro, en el cual las máquinas no están conectadas a internet y posee varias instancias de encriptación y validación de identidad, que permitieron que no se hayan documentado casos de fraude. 


Mediante un proceso riguroso, antes de ingresar a la cabina el elector debe acreditar su identidad ante la autoridad de mesa con un documento oficial con fotografía, como el pasaporte, el documento de identidad, la licencia de conducir u otros. Además, la identificación biométrica se utiliza en las secciones electorales. Si el lector no reconoce la huella digital o la persona no tiene sus datos biométricos registrados, existen mecanismos alternativos de validación. Una vez habilitado, el elector debe introducir en la urna los números correspondientes al candidato que desea elegir, según el cargo en disputa. La pantalla muestra el nombre, la fotografía, el cargo y el partido político antes de confirmar el voto. En estas elecciones, los electores tendrán seis votaciones consecutivas, siendo su orden el siguiente: 


● Diputado federal, con cuatro dígitos. 

● Diputado estadual o distrital, con cinco dígitos. 

● Senador por la primera vacante, con tres dígitos. 

● Senador por la segunda vacante, con tres dígitos. 

● Gobernador y vicegobernador, con dos dígitos. 

● Presidente y vicepresidente, con dos dígitos 


¿Cómo se elige cada cargo? 

El presidente de Brasil y los gobernadores de los estados son elegidos directamente mediante un sistema de mayoría absoluta con segunda vuelta. En la primera vuelta, un candidato debe obtener más del 50 % de los votos válidos para ser electo. Si ningún candidato alcanza esa mayoría, los dos más votados pasan a una segunda vuelta, que se realiza el último domingo de octubre. 


La Cámara de Diputados está integrada por 513 representantes, distribuidos entre los 27 estados según su población. Cada estado debe contar con un mínimo de ocho representantes. Cada 4 años se renueva la totalidad de las bancas. 

La elección de diputados utiliza un sistema proporcional de listas abiertas. Para determinar la cantidad de escaños que corresponde a cada partido o alianza se utiliza el cociente electoral, que se obtiene dividiendo la cantidad de votos obtenidos en un estado por el número de escaños disponibles.

Por ejemplo, si en São Paulo se emitieran 30 millones de votos para elegir diputados, el cociente electoral sería aproximadamente de 430.000 votos. Si un partido obtuviera tres millones de votos, tendría derecho a seis de los escaños correspondientes a ese estado. 


Una vez determinados los escaños que corresponden a cada partido o federación, resultan electos los candidatos más votados dentro de esas listas. De esta manera, el sistema combina la representación proporcional de los partidos con la posibilidad de que los electores expresen su preferencia por candidatos individuales.


Por último, el Senado Federal está compuesto por 81 senadores, que ejercen mandatos de ocho años. La renovación de la Cámara Alta se realiza de manera escalonada: en algunas elecciones se renueva un tercio de los escaños y, en otras, dos tercios. En las elecciones de 2026 se renovarán 54 bancas. 


A diferencia de la Cámara de Diputados, las elecciones para el Senado utilizan un sistema de mayoría simple, en el que el ganador se lleva todo.


Candidatos 


Entre lo conocido o la promesa incierta del mañana 

Este domingo 4 de octubre se define para la Canarinha quién asumirá la presidencia del período 2027-2031, en un escenario político dividido entre el progresismo, con el Partido de los Trabajadores encabezado por Lula da Silva, y el sector conservador/bolsonarista con Flávio Bolsonaro al frente. Pero también entran en juego otras fórmulas que no pertenecen a ninguno de estos dos bloques —con referentes como Caiado, Cury, y Días, entre otros—, que buscan capitalizar el descontento del electorado hacia esta eterna lucha entre la izquierda y la derecha. 


Conoce a los Candidatos: 

Candidato 

Partido

Luiz Inácio Lula da Silva 

Partido de los Trabajadores (PT)

Flávio Bolsonaro 

Partido Liberal (PL)

Augusto Cury 

Adelante

Ronaldo Caiado 

Partido Social Democrático (PSD)

Romeu Zema 

Partido Novo

Renan Santos 

Movimiento Missão

Hertz Dias 

Partido Socialista de los Trabajadores Unificado

Edmilson Costa 

Partido Comunista Brasilero

Clariana Barao 

Democracia Cristiana

Leonardo Avalanche 

Partido Renovador Laborista Brasileño

Rui Costa Pimenta

Partido de la Causa Obrera (integrado al gobierno de Lula)

Wilson Grassi 

Demócrata

Samara Martins 

Unidad Popular


Las campañas de Lula y Flávio


La simbología de los lanzamientos de campaña hace algunas semanas refleja las bases sociales en disputa. Lula regresó a São Bernardo do Campo, su cuna sindical, para reforzar el vínculo de representación con la clase trabajadora. Por su parte, Flávio Bolsonaro eligió la playa de Copacabana, bastión histórico del conservadurismo urbano, para proyectar una imagen de movilización nacionalista.


La Resistencia al Imperialismo estadounidense: Lula Da Silva - Partido de los Trabajadores (PT) “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”. 


El actual presidente va por su séptima elección para el cargo en busca de una cuarta victoria. Como el favorito en las encuestas y la figura principal del partido oficialista —Partidos dos Trabalhadores—, repite la fórmula presidencial del 2022. Durante su campaña declaró estar dispuesto a impedir el triunfo de la derecha en Brasil, lo cual desató críticas y un intenso debate sobre la alternancia en el gobierno. Siguiendo esta línea, durante la reciente Asamblea General de la ONU criticó duramente el desempeño del organismo a la hora de evitar conflictos internacionales (como los de Gaza, Cuba, Venezuela y Nicaragua) y rechazó el regreso de “tentaciones hegemónicas” en América Latina y el Caribe.


La propuesta del Partido de los Trabajadores se articula sobre el eje central "Brasil no es el patio trasero de nadie", desplegando una estrategia comunicacional basada en un discurso popular y soberano. A través de un destacado spot basado en la versión a ritmo de forró (género musical tradicional del Noroeste de Brasil) de la canción "Lo Que Le Pasó a Hawaii" de Bad Bunny, y narrado por el actor Wagner Moura, la campaña realiza un juego etimológico con el apellido "Silva" (vinculado al origen de la palabra selva), conectando orgánicamente a la población con la protección del territorio y de sus recursos estratégicos, tales como los minerales críticos y las tierras raras.


En el plano de las políticas públicas, el programa de gobierno plantea una "revolución educativa" orientada a duplicar la matrícula universitaria hasta alcanzar los 50 millones de estudiantes. Esta agenda de desarrollo social se complementa con medidas de protección económica, entre las que destacan la prohibición de las apuestas deportivas en línea, programas de condonación de deudas familiares y un impulso a la industrialización tecnológica que incluye el desarrollo de una Inteligencia Artificial nativa en idioma portugués. 

En el último tramo de la campaña, Lula incorporó un discurso en defensa de la libertad religiosa, a partir de expresiones de Bolsonaro y políticos aliados insultantes para la Iglesia Católica y para el culto de Nuestra Señora de Aparecida, la representación mariana patrona de Brasil.


En el espectro ideológico, Lula se encuentra en el campo de la izquierda nacional y progresista. Articula al Partido de Trabajadores (PT), con una coalición amplia de partidos moderados y de centro derecha con el objetivo de resguardar la institucionalidad democrática. 


Herencia o Quiebre Fundacional: Flávio Bolsonaro - Partido Liberal (PL) “Sé que me parezco a él, pero es difícil comparar al hijo de Pelé con Pelé” 


Cómo sucesor de su padre, Jair Bolsonaro (inhabilitado y en prisión por el intento golpista de 2023 tras la victoria de Lula da Silva), el senador por Río de Janeiro fue elegido para representar el Partido Liberal y seguir con el legado de la derecha bolsonarista, siendo el principal opositor de Lula en las encuestas. Durante un discurso ante sus miles de simpatizantes reunidos en la ciudad donde comenzó su carrera política, y mediante una graciosa referencia al futbolista más famoso del mundo, dio cuenta del desafío que enfrenta su candidatura: cómo beneficiarse de las similitudes con su padre y a la vez distinguirse de él, pero convenciendo al electorado de su capacidad para heredar el movimiento erguido en torno a su progenitor. 


Por su parte, la plataforma liderada por Flávio Bolsonaro se estructura en torno a una doctrina de mano dura, alineación internacional con Estados Unidos y menor presencia estatal. En materia de seguridad y defensa, el programa propone integrar a Brasil al "Escudo de las Américas" y catalogar a las principales facciones criminales del país, como el Comando Vermelho (CV) y el Primer Comando de la Capital (PCC), como  organizaciones terroristas, con el propósito de habilitar la cooperación militar externa.


En el plano institucional, la candidatura mantiene una postura de confrontación directa contra el Supremo Tribunal Federal (STF), señalando de forma particular al magistrado Alexandre de Moraes y denunciando la existencia de una “dictadura judicial" que buscaría asestar una "tercera puñalada" a la corriente conservadora. Dentro de este esquema, el factor Jair Bolsonaro opera como el principal motor emocional de la campaña, donde la victimización por su inhabilitación política busca cohesionar la base electoral y suplir las dinámicas carismáticas del candidato.


El marco de alianzas


La fragmentación del Congreso brasileño, donde el amplio espectro de partidos de centro conocido como el Centrão juega un rol decisivo, obliga a ambos candidatos a construir coaliciones transversales para asegurar la gobernabilidad. 

Por un lado está la Coalición Amplia del PT: Lula ha logrado un escudo institucional pragmático mediante la alianza con sectores de centro y centro derecha. Esta alianza se verifica en su coalición de gobierno, junto a figuras como el vicepresidente Alckin (PSB) o la ministra Tebet (MDB), pero también en pactos estratégicos, como el apoyo a la candidatura a gobernador del centroderechista  Eduardo Paes (PSD) en Río de Janeiro para erosionar el control territorial bolsonarista.


Por otro lado, el Partido Liberal de Bolsonaro ha conseguido mantener la canalización del campo conservador de la sociedad brasileña, al punto tal de impedir la emergencia real de una nueva derecha más moderada. Sin embargo, a pesar de contar con el apoyo de figuras de peso como el gobernador de San Pablo Tarcísio de Freitas, Flávio no logró el apoyo explícito de partidos del Centrão como Unión Brasil o Progresistas, los cuales sí habían apoyado al gobierno de su padre.


¿Qué hay más allá de la polarización?


Ronaldo Caiado - Partido Social Democrático (derecha)

Es la candidatura de los sectores agroexportadores. Como gobernador de Goiás, Caiado apuesta por captar votos de centroderecha que no se sientan representados por la polarización Lula–Bolsonaro. Con un estilo comunicativo directo y preciso, acompañado de su experiencia agraria, se presenta como la opción de derecha fuera del conservadurismo bolsonarista. 


Augusto Cury - Avante (centro)

Conocido por sus libros de autoayuda, el escritor y psiquiatra Augusto Cury es un outsider político sin trayectoria partidaria convencional. Aunque no prosperó como tercera alternativa, cuenta con un enfoque centrado en la salud mental, reformas educativas integrales y programas destinados a la prevención de la violencia de género.


Romeu Zema - Novo (derecha)

Empresario y exgobernador de Minas Gerais entre 2019 y 2026, llega a la campaña presidencial como la cara del partido liberal más doctrinario. Su discurso conciso, sustentado en cifras presupuestarias, lo diferencia de otros líderes de la derecha brasileña, ganando credibilidad entre el electorado de clase media urbana y los votantes liberales que rechazan tanto al PT como al bolsonarismo.


Renan Santos - Missão (ultraderecha liberal)

Empresario y dirigente ultra liberal con gran protagonismo en redes sociales, es uno de los candidatos que más apoyo reúne entre los grupos etarios más jóvenes. Su plataforma aboga por reformas estructurales que acaben con la intervención del Estado en la economía, promoviendo la libertad total del mercado y una cultura del emprendedorismo. A pesar de ser un acérrimo opositor a Lula, ha declarado que nunca apoyaría a la familia Bolsonaro.


Escándalos, guerra digital e influencia externa


La política de Brasil permanece fuertemente condicionada por la volatilidad judicial y la interferencia de las plataformas digitales en el proceso democrático. 

De acuerdo con reportes de Brasil Wire, Meta ha mostrado una conducta notoriamente asimétrica al inhabilitar la capacidad publicitaria de la campaña de Lula apenas diez días antes de los comicios. De forma simultánea, la plataforma aprobó el 87% de los anuncios generados por IA que difunden desinformación e incitaban a golpes militares desde cuentas extranjeras.


Al mismo tiempo, la institucionalidad del país enfrenta la tensión generada por una fractura abierta dentro del Supremo Tribunal Federal (STF), protagonizada por los magistrados Alexandre de Moraes y André Mendonça. El conflicto escaló cuando Mendonça, evangélico cercano a Bolsonaro, levantó el secreto de sumario sobre documentos que vinculan al entorno de Moraes, con servicios prestados al Banco Master. Dicha entidad se halla en el centro de una investigación por un fraude millonario.


Este complejo escándalo golpeó con fuerza la imagen del Poder Judicial, llegando, inesperadamente, a afectar la imagen de Lula, a pesar de no estar involucrado en la investigación. La situación es diferente para Flávio, quien habría recibido por parte del presidente del banco 136 millones de reales para financiar la película "Dark Horse", enfocada en la figura de su padre.


Además, la contienda electoral se ve atravesada por una diplomacia de la tensión marcada por la injerencia externa: desde los insultos del argentino Javier Milei hacia la figura de Lula y el apoyo del aparato trumpista a la candidatura de Flávio, hasta el apoyo del progresismo occidental y la izquierda latinoamericana a la reelección de Lula.


¿O Qué Será? - Encuestas 


Las encuestas de Quaest, Nexus y Datafolha marcan una estable ventaja del presidente Da Silva sobre Flávio Bolsonaro, pero insuficiente para ganar en primera vuelta y evitar un balotaje, escenario en el que la diferencia sería aún más estrecha. 


Las últimas semanas consolidaron la polarización de la elección, en la que la suma de los votos de Lula y Bolsonaro concentraría casi el 90% de las preferencias. Bolsonaro lidera en la zona media-oeste, sudeste y sur de Brasil; en tanto da Silva se posiciona mejor en el noreste y norte.  Es importante destacar que aunque Sao Paulo es el primer grupo electoral de Brasil, el estado de Minas Gerais resulta determinante, ya que acapara una importante diversidad demográfica e históricamente quien ganó en ese estado, obtuvo la presidencia. Desde 1989, quien gana Minas Gerais, es electo presidente.


El rechazo a Lula se concentra especialmente en sectores donde tiene mayor peso el anti-petismo; tanto votantes con estudios superiores, como también quienes pertenecen a hogares con ingresos superiores a cinco salarios mínimos y entre los grupos  evangélicos. Por regiones, su mayor nivel de rechazo se concentra en el Sur (63%) y el Sureste (60%). En el caso de Bolsonaro, el rechazo se posiciona entre los mayores de 60 años y entre los católicos. Por regiones, su mayor nivel de rechazo aparece en el Noreste y norte.

La dilución de las terceras fuerzas generó el crecimiento del apoyo electoral estimado de Bolsonaro, quien buscará repetir el resultado de su padre en la primera vuelta de 2022, cuando obtuvo el 43% de los votos. No obstante, en los últimos días se verificó una tendencia al alza de los sectores que votarían por Lula.

De este modo, los sondeos ubican a Lula obteniendo entre el 42% y el 47% de los votos, frente a un Bolsonaro que rondaría entre el 38% y el 44% de los votos.


QUAEST


La encuesta de Quaest del 24 de septiembre, encargada por el grupo Globo, entrevistó a 2004 personas mayores de 16 años entre el 17 y el 20 de septiembre. El margen de error es de dos puntos porcentuales, y el nivel de confianza es del 95%. Lula obtendría el 40% del voto en la primera vuelta, mientras que Bolsonaro hijo se haría con el 36%. El tercer lugar quedaría para Cury, con el 5%. Mientras los otros candidatos no superan el 5 por ciento de intenciones de voto. 


La encuesta produjo un análisis por estratos. Se concluyó que el grupo etario que va de 16 a 34 años puede definir la elección debido a que es el único en el que actualmente ambos postulantes cuentan con igual porcentaje de votos. También entre las votantes mujeres, las personas mayores y las del noreste, son los segmentos donde está igualada la contienda.


NEXUS


La encuesta de Nexus, encargada por el banco BTG Pactual, arroja una diferencia favorable al mandatario. Nexus también consultó los niveles de rechazo de los principales candidatos. Si bien Lula mantiene un alto 48 %, es menor que la desaprobación a Bolsonaro: el 51 % respondió que no votaría por el candidato ultraderechista.


La encuestadora publicó otro estudio esta semana vinculado a las percepciones sobre quién ganará las elecciones. la mayoría de los brasileños (54%) apuesta por la victoria del presidente Lula da Silva en las elecciones de octubre de 2026, independientemente de su intención de voto en la primera vuelta. 


DATAFOLHA


Datafolha entrevistó a 2.506 personas de 16 años o más entre los días 28 y 30 de septiembre, en 152 municipios, con un margen de error de dos puntos porcentuales y un nivel de confianza del 95 por ciento.La consultora publicó este jueves 4 puntos de diferencia a favor del actual mandatario en primera vuelta.


La encuesta mostró además que 78 por ciento de los electores afirma tener totalmente decidido su voto presidencial, mientras 19 por ciento todavía podría cambiarlo. Entre los votantes de Lula, el 88 por ciento se declara decidido y entre los de Flávio Bolsonaro el porcentaje alcanza el 85 por ciento.


Datafolha siempre en sus encuestas tuvo a Lula en la cima, con las mayores probabilidades de ser reelegido, y si bien en los sondeos de junio esa ventaja era de 10 puntos y se fue achicando en forma paulatina.


Así vemos entonces que en la primera vuelta, Lula se mantiene al frente en las encuestas de Quaest, Atlas Intel/Bloomberg, Ideia y BTG Nexus, con una intención de voto que va del 39% al 45,8%, mientras que Flávio Bolsonaro aparece segundo, con registros que parten del 34% y llegan hasta el 43,4%. 


De mantenerse estas tendencias, en la que ninguno de los postulantes supera el 50% de los votos que le permitiría obtener un triunfo en primera vuelta, se definirá la elección en una instancia de balotaje, que se llevará a cabo el domingo 25 de octubre. En principio, la aritmética es más complicada para el candidato progresista, ya que la mayoría de aspirantes que quedarían fuera de carrera son de derecha, sin un candidato de izquierda de peso que le pueda dar su apoyo, como pasó en 2022 con el laborista Ciro Gomes y la centrista Simone Tebet. De esta forma, los estudios muestran que la distancia entre ambos se reduce o incluso se borra. 


BALOTAGE


Para el balotaje, que todos dan por muy probable, se presume una competencia muy pareja, en la que los pronósticos se encuentran dentro del margen de error. En ese escenario de total paridad, los sondeos tienden a señalar una ligera ventaja para Flávio Bolsonaro. Sin embargo, antes de analizar este virtual empate técnico que tiñe el panorama de máxima incertidumbre, corresponde aguardar los resultados de la primera vuelta.


DATO:


Argentina tiene 13.138 brasileños habilitados para votar en las elecciones de 2026, la mayor cantidad de electores brasileños en América Latina. El 90,4% está concentrado en Buenos Aires, donde predominan las mujeres, los jóvenes y las personas con estudios universitarios. Las últimas elecciones en América Latina han mostrado que el voto extranjero ha sido decisorio al momento de definir una elección en segunda vuelta. 


Vivo num país tropical: el Brasil realmente existente


La base de apoyo de cada candidatura refleja una profunda segmentación demográfica, social y geográfica en el electorado brasileño. Los votantes de Lula se concentran mayoritariamente en las mujeres, los adultos mayores de 70 años, los sectores de bajos ingresos que perciben hasta dos salarios mínimos, la región del Nordeste y la población con estudios universitarios. Por su parte, la candidatura de Flávio Bolsonaro sostiene su fuerza en el sector neopentecostal evangélico, los empresarios y trabajadores del agronegocio, las clases altas y los estados con mayor peso económico del Sur y el Sudeste.


En última instancia, los millones electores refractarios a los principales candidatos serán el factor decisivo de la contienda. Este segmento, integrado mayoritariamente por sectores de clase media urbana, determinará en última instancia si la elección se resuelve en la primera vuelta o si la definición se traslada a un balotaje signado por una extrema paridad. 


Esse Brasil lindo e trigueiro


Por todo lo dicho, el gigante sudamericano se encuentra a las puertas de una de las elecciones más trascendentes de su historia contemporánea. 

No solo está en juego la dirección del Estado: se define si la región toma decididamente un rumbo hacia la derecha reaccionaria, pro mercado y alineada a Estados Unidos o si aún es posible en la región un modelo de país soberano, productivo, redistributivo y democrático.

Los análisis fueron realizados. Las opiniones, vertidas. Y los posicionamientos, planteados. 

Mientras el mundo observa, nuestro pueblo vecino tiene la palabra.


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