Colombia | Resultados del balotaje presidencial del 21/06/2026
- Catalina Tolstano

- 29 jun
- 8 min de lectura

Autores: Candelaria Berardi, Julia De Bastiani Gasparini, Maxi Espósito, Jordana S. Esquivel, Catalina Tolstano.
Análisis de los Resultados de la Primera Vuelta
A pesar de las predicciones desacertadas de las encuestas, la fórmula De la Espriella – Restrepo resultó victoriosa en la primera vuelta. Con el 43,74% superó a Pacto Histórico por casi tres puntos, dejando a Cepeda con el 40,90% de los votos. Muy lejos quedaron Paloma Valencia con 6,92% y Sergio Fajardo con 4,26%.
La fragmentación de la derecha colombiana se resolvió sola el día de las elecciones, puesto que gran parte del electorado uribista tradicional de los departamentos del centro decidió transferir su voto al candidato novedoso y disruptivo. Por su parte, Cepeda mantuvo su base electoral heredada de Petro: la costa Pacífica, comunidades indígenas, afrodescendientes y regiones en donde los acuerdos de paz dejaron mayor huella con fuerte presencia de movimientos sociales.
El colapso de Paloma Valencia es el dato más significativo de esta elección. El triunfo de De la Espriella fue alimentado y sustentado por el electorado que perdió la candidata uribista que pasó de estar entre 14% y 27% en las encuestas a 6,92% en las urnas. Inmediatamente después de la derrota de Centro Democrático, el líder histórico del partido, Álvaro Uribe, respaldó a la candidatura de De la Espriella de cara al balotaje.
El apoyo del uribismo al nuevo emergente reaccionario representa un patrón que sugiere una tendencia regional más profunda: La derecha tradicional latinoamericana está siendo devorada por la ultraderecha disruptiva y confrontacional que supo leer mejor la frustración de la población. El electorado conservador ya no se ve representado por el discurso moderado sino que premia al outsider rupturista capaz de ganarle al candidato de izquierda.
La participación fue llamativamente alta, superada solo por la de 1974. Esto demuestra que la población se sintió movilizada por estas dos candidaturas. La polarización, lejos de desalentar, convocó con el voto en blanco apenas alcanzando el 1,71%. En lugar de despedir al electorado de centro hacia la indecisión o la neutralidad, la confrontación entre los dos proyectos opuestos lo terminó absorbiendo.
La noche electoral finalizó con una gran tensión institucional. Una vez finalizado el preconteo, Gustavo Petro publicó en su perfil de X que desconocía los resultados cuestionando el software de conteo y escrutinio. Asimismo, afirmó que se agregaron 800.000 cédulas más de personas que no figuraban en el censo oficial. Cepeda también denunció desigualdades y aseguró que hasta que no se pronuncie el escrutinio verificando el desfase no aceptaría los resultados. Tras la publicación del escrutinio y demostrar una coincidencia del 99,997%, el candidato de pacto histórico emitió un comunicado reconociendo su segundo lugar.
Los resultados de la primera vuelta, explicados por fracaso total del centro, el ascenso de la nueva derecha y los límites del proyecto oficialista, dejaron expuesta la polarización de la población colombiana prolongando la incertidumbre para la segunda vuelta.
Sistema electoral
El régimen electoral colombiano establece que los ciudadanos eligen de manera directa a las autoridades nacionales de los poderes Ejecutivo y Legislativo. El sufragio es universal y secreto, pero no constituye una obligación. Para participar en los comicios, los ciudadanos deben ser mayores de 18 años, estar habilitados en el padrón electoral y acreditar su identidad mediante el documento correspondiente.
La elección presidencial se lleva a cabo cada cuatro años y define conjuntamente al presidente y al vicepresidente. El mecanismo utilizado es el de mayoría absoluta: una fórmula resulta vencedora en primera vuelta si obtiene más de la mitad de los votos válidos. Cuando ninguna candidatura alcanza ese porcentaje, se realiza una segunda ronda electoral entre las dos fórmulas más votadas para determinar al ganador, como sucedió el pasado 31 de mayo.
Partidos y Candidatos
Abelardo de la Espriella
Es abogado y empresario colombiano, nacido en Bogotá en 1978 y criado en Montería, Córdoba. Se presentó a las elecciones como un candidato independiente y sin experiencia previa en cargos públicos, argumentando que su trayectoria empresarial le permitiría gobernar con independencia de los partidos tradicionales.
A lo largo de su carrera fundó numerosas empresas y construyó una reconocida firma de abogados, además de desarrollar negocios relacionados con la venta de vinos italianos, ropa y otros productos de lujo. Durante la campaña hizo de su éxito económico uno de sus principales argumentos políticos, aunque el origen de su fortuna fue objeto de cuestionamientos por parte de sus adversarios.
Como abogado, alcanzó notoriedad por representar a empresarios y figuras de alto perfil, pero también a personas vinculadas con grupos paramilitares, entre ellos integrantes de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Diversos periodistas e investigaciones señalaron que gran parte de su crecimiento económico estuvo ligado a la defensa de estos clientes, además de mencionar presuntos vínculos con casos de corrupción y personajes controvertidos como Álex Saab. Aunque De la Espriella rechaza estas acusaciones, el origen de sus ingresos y la transparencia de sus actividades empresariales fueron temas centrales del debate público durante la campaña.
En el plano político, De la Espriella representa una nueva derecha conservadora. Su programa se centra en la lucha contra el crimen, el narcotráfico, la corrupción y la ilegalidad mediante políticas de "mano dura". También mantiene posiciones conservadoras en temas sociales, se declara abiertamente "anti woke" y ha manifestado admiración por líderes como Donald Trump, Nayib Bukele y Javier Milei. Con su movimiento Defensores de la Patria, buscó canalizar el descontento de los ciudadanos con la clase política tradicional y se presentó como un líder dispuesto a transformar el rumbo del país.
Iván Cepeda
Político de izquierda nacido en Bogotá, reconocido principalmente por su trayectoria en la defensa de los derechos humanos y de las víctimas del conflicto armado colombiano. Es hijo del senador Manuel Cepeda Vargas, asesinado en 1994 durante la violencia política contra la Unión Patriótica, un hecho que marcó profundamente su vida y orientó su compromiso con la búsqueda de verdad, justicia y reparación. Tras estudiar Filosofía en Bulgaria, regresó a Colombia y participó en la creación del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), antes de iniciar su carrera parlamentaria en 2010.
Desde su llegada al Congreso, Cepeda se consolidó como una de las principales figuras del progresismo colombiano. Ha participado activamente en los procesos de paz con las FARC y el ELN, promoviendo el diálogo como mecanismo para resolver el conflicto armado e impulsando la inclusión de las víctimas en las negociaciones. Además, protagonizó una larga disputa judicial con el expresidente Álvaro Uribe Vélez por presuntos vínculos con el paramilitarismo, un caso que tuvo un fuerte impacto en la política colombiana y reforzó su imagen como uno de los principales opositores de la derecha.
Como candidato presidencial, a diferencia de su opositor, Cepeda propuso dar continuidad al proyecto político iniciado por Gustavo Petro. Sus principales propuestas incluyen reducir la pobreza y la desigualdad social, profundizar la reforma agraria mediante la entrega de tierras al campesinado, fortalecer la lucha contra la corrupción y promover una economía más productiva y solidaria. También plantea una reforma tributaria progresiva, impulsar la industrialización, proteger el medio ambiente mediante una transición energética justa y fortalecer los procesos de paz. Aunque sus seguidores destacan su compromiso con los derechos humanos y la democracia, sus críticos consideran que representa una postura de izquierda demasiado radical.
Encuestas
Los candidatos que avanzaron fueron Abelardo de la Espriella, perteneciente al movimiento Defensores de la Patria y ubicado ideológicamente en la derecha, e Iván Cepeda, senador y candidato del Pacto Histórico, espacio político asociado al gobierno de Gustavo Petro. En la primera vuelta, De la Espriella obtuvo aproximadamente el 43,78% de los votos (10,3 millones), mientras que Cepeda alcanzó el 40,98% (9,7 millones), lo que dejó una diferencia relativamente reducida entre ambos.
Las encuestas publicadas antes del balotaje mostraron un escenario abierto y competitivo. Algunos estudios de opinión otorgaban ventaja a De la Espriella: una medición del Consejo Nacional de Consultoría le asignó cerca del 48,6% de intención de voto frente al 44,7% de Cepeda, mientras que otra encuesta elaborada por Guarumo Ecoanalítica amplió esa diferencia y ubicó al candidato opositor por encima del 50%.
Sin embargo, otros relevamientos presentaron resultados diferentes. Una encuesta del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG Data) mostró una leve ventaja para Cepeda, reflejando que el resultado permanecía incierto y que una parte importante del electorado aún no había definido su voto o podía modificarlo antes de la elección.
Los analistas destacaron que el resultado final no dependía únicamente de los apoyos obtenidos en primera vuelta, sino también del comportamiento del voto en blanco, del nivel de participación electoral y especialmente del destino de los votantes de las fuerzas que quedaron fuera de competencia.
Las diferentes encuestas presentaron diferencias en la manera en que midieron la intención de voto del electorado. Si bien pocas encuestadoras daban una ventaja a De La Espriella antes del balotaje, el bajo desempeño de Paloma Valencia en primera vuelta dejó un sector del electorado de derecha tradicional sin un candidato propio. Parte de estos votos vinculados al uribismo pudieron trasladarse hacia De La Espriella, fortaleciendo su posición en segunda vuelta.
Aunque De la Espriella se presentó inicialmente como un outsider, y partió con menor intención de voto, su discurso antisistema y su posicionamiento de una derecha más dura favorecieron un rápido y sostenido crecimiento en las encuestas de intención de voto. El resultado final fue estrecho, en línea con lo previsto por CELAG, que planteó un escenario de casi “empate técnico” .
Resultados del Balotaje
La prolongada incertidumbre que mantuvo en vilo a Colombia tras la jornada del balotaje llegó a su fin político y legal. Luego de un ajustadísimo preconteo que reflejó la profunda polarización del país, el escrutinio oficial definitivo (conducido de manera formal por jueces y comisiones escrutadoras) ratificó la victoria del candidato opositor de derecha, Abelardo De La Espriella.
Los números finales consolidaron un escenario de paridad casi absoluta en el electorado, donde el presidente electo se alzó con la victoria al obtener 12.959.542 votos, equivalentes al 49,66% del total, frente a los 12.708.712 sufragios alcanzados por Iván Cepeda, representante del oficialista Pacto Histórico, quien sumó un 48,70%. Esta diferencia de apenas 250.830 votos expone con claridad una nación fracturada en dos mitades prácticamente iguales.
Ante la contundencia del veredicto técnico de las urnas, Iván Cepeda optó por priorizar la estabilidad institucional y reconoció públicamente el triunfo de su oponente. A través de un mensaje en sus redes sociales, el líder de centro-izquierda calificó su postura como un acto de responsabilidad democrática necesario para desactivar las tensiones del recuento. En ese mismo comunicado, anunció que asumirá la banca correspondiente en el Senado de la República, desde donde se propone encabezar una oposición vigilante y constructiva.
No obstante, este reconocimiento no implicó un silencio absoluto sobre el proceso electoral, ya que Cepeda reafirmó sus denuncias respecto a las supuestas irregularidades que marcaron la campaña de De La Espriella, haciendo hincapié en el polémico respaldo internacional del expresidente estadounidense Donald Trump y en sospechas en torno a la compra de votos.
Con este panorama institucional resuelto, Abelardo De La Espriella, abogado y empresario de 47 años, se prepara para asumir la conducción de la Casa de Nariño el próximo 7 de agosto por un período de cuatro años. Sin embargo, el mandatario electo deberá enfrentar un complejo laberinto político para garantizar la gobernabilidad de su administración. Al no contar con una estructura legislativa propia y consolidada, su sector se verá obligado a tejer alianzas y coaliciones pragmáticas con otros partidos de la derecha tradicional y el centro-derecha para poder viabilizar sus proyectos de ley. Esta necesidad de negociación constante se dará frente a un Congreso donde el Pacto Histórico se mantendrá firmemente plantado como la primera minoría en ambas cámaras, asegurando una fiscalización rigurosa a las políticas de mano dura y corte liberal que promete el nuevo gobierno.



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